lunes, 21 de junio de 2010

Y no la cambiaría por nada

Tarde de verano. El sol reluce, pero no quema. Me da sueño al mirar para arriba. Me gusta el típico olor a tierra mojada que se adueña de mi calle cuando llega el estío. Me gusta también el ruido de las hojas secas al pisarlas, y el frotar de éstas entre los árboles. Pero sin duda, una de las imágenes que se me va a quedar siempre en la cabeza será la montaña que se ve nada más salir de mi casa.Cada día es de un color diferente,desde azul pasando por el amarillo y el rojo. Qué bien me siento cuando la veo. Es tan extraño, es un sentimiento que creo no puede ser explicado, o por lo menos, no entendido. Sólo sé que sonrío. Una sonrisa ancha, con sentimiento. Mi ciudad no es turística, podríamos decir que no es ni bonita, y aunque hayan muchas vistas mucho más hermosas, ésta es la que me gusta a mi. Y no la cambiaría por nada.




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